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Bastia: el brazo deportivo del independentismo corso


El 11 de mayo de 2002 prometía ser una fiesta para Jacques Chirac. Hacía menos de una semana que había sido reelegido como presidente de la república francesa y quería que le viesen flamante cuando hiciese acto de presencia en el Stade de France en la final de Copa entre el Lorient y el SC Bastia

Aquel partido no se recuerda por el juego de los equipos, ni siquiera porque el Lorient ganase el primer y único título de su historia… fue el día que Jacques Chirac abandonó indignado la tribuna antes de que empezara el partido por una pitada a La Marsellesa. Venía de la grada de los aficionados del Bastia, identificados con el sentimiento independentista corso. Chirac, enrabietado porque le aguaron su celebración particular, calificó la pitada de “humillante para Francia” y obligó a retrasar el partido 25 minutos.

Los corsos no pitaron porque les venía en gana. Su bronca era una respuesta a las palabras de Chirac un mes antes, en su última visita a Córcega:

“No existe un problema corso. Lo único que hay son problemas en Córcega”.

LA AFICIÓN RECAUDÓ 300.000 EUROS

El nacionalismo corso no entraba en los planes de un hombre que defendía la unidad de Francia como nación única y la centralización del país. Sin embargo, vaticinó algo que era cierto… había problemas en Córcega. Aquel Bastia del 2002 se estaba deshaciendo y acabaría descendiendo unas temporadas después, pero lo peor estaba por llegar. Tras unos años estabilizado de nuevo en la Ligue 1 -subcampeonato en la Copa de la Liga’15 incluido-, la temporada pasada el Bastia casi desapareció.

Tras acabar la liga como colista, la Federación Francesa de Fútbol -FFF- decidió castigar a los corsos por sus deudas, estimadas en unos 15 millones de euros. En lugar de bajar a la Ligue 2, el club juega esta temporada en la National 3 -la quinta división del fútbol francés-, y en verano estuvo al borde de la quiebra.

“Es obvio que la FFF ha sancionado al Bastia con demasiada dureza, hasta tal punto que se puede interpretar como una discriminación anti corsa. El equipo ha sufrido unas represalias mucho más duras que otros clubes que merecían lo mismo y quedaron impunes”, nos dice Prescillia Gheraldi, una estudiante de Filología Corsa, nacida en Bastia y seguidora del club. 

Estas sospechas ganan credibilidad si tenemos en cuenta que los 20 clubes que disputan la Ligue 2 intentaron convencer a la Federación para ampliar el cupo a 21 y evitar la caída del Bastia al fútbol amateur, pero fue en vano. Los dirigientes quizás pensaron que era mejor para los demás equipos ahorrarse el desplazamiento hasta Córcega.

A pesar de todo, la afición hizo todo lo posible para salvar a su equipo. Una semana después de conocerse el descenso administrativo, un grupo de seguidores crearon la asociación “SECB” -Socios Etoile Club Bastiais- para sortear la desaparición del club.

El objetivo principal era fomentar la participación financiera gracias a un crowdfunding, y lo consiguieron. En un par de semanas 2500 abonados ya habían hecho su donación, recaudando 293.910 euros para que pudiera competir esta temporada.

Aunque jueguen en la quinta división, disponen de 10.000 socios -una cuarta parte del total de la población de la ciudad- y unas 5.000 personas asisten al estadio cada dos fines de semana. Tienen más socios que el Ajaccio, el otro gran equipo de la isla, aunque este juegue en segunda. “El SC Bastia no es solo un equipo de fútbol sino una pasión, una familia, una historia y un pasado rico. Es el único club de Córcega que ha marcado la historia del fútbol de la isla”, argumenta Gheraldi.

Mientras los de la capital defienden el nacionalismo autonomista, el SC Bastia es el símbolo de la independencia corsa, algo así como la selección de una nación que no tiene estado.

Si este discurso recuerda al Barça, es porque sus fundaciones van de la mano. El Bastia fue creado en 1905 por un suizo, Hans Ruesch, que ejercía de profesor de alemán en el instituto de la ciudad. Había llegado a Córcega procedente de Barcelona y una vez establecido en la isla fundó el club de fútbol a imagen y semejanza de lo que había hecho su compatriota Hans Gamper en la Ciudad Condal hacía 6 años.

Hasta en el escudo del Bastia podemos ver el apego al sentimiento nacionalista a través de la Testa Mora, la bandera de la isla que el militar Pasquale de Paoli utilizó para simbolizar la liberación del pueblo respecto a los genoveses.

Fue en la década de los 70 cuando el club se dio a conocer en toda Europa. En 1972 llegó a su primera final de Copa -que perdió contra el Olympique de Marsella-, al año siguiente disputó por primera vez la UEFA, y en el 78 consiguió llegar a la final de esta competición, pero perdió contra el PSV Eindhoven. Sus seguidores tuvieron que esperar hasta el 81 para ver como ganaba el único título que hay en sus vitrinas, la Copa de Francia, contra el Saint-Étienne de Michel Platini.

Esta eclosión internacional coincide con el estallido del independentismo corso. Desde entonces muchos estadios franceses reciben al Bastia con sonoras pitadas, tal y como nos confirma Gheraldi.

FLNC, LA CATÁSTROFE DE FURIANI Y A CUNCOLTA NAZIUNALISTA

El Frente de Liberación Nacional de Córcega, la catástrode Furiani y A Cuncolta Naziunalista son tres nombres propios que no se pueden separar de la historia reciente del Bastia y de Córcega. 

El 21 de agosto del 75 se produjo la primera gran protesta nacionalista corsa, de carácter autonomista, cuando un grupo de 12 hombres armados con fusiles de caza ocupó una cava de vinos de un importante empresario local de origen francés, para denunciar la amenaza de arruinar a cientos de pequeños viticultores. Esto desencadenó una revolución en toda la isla y un asalto policial de 1.200 efectivos con vehículos blindados por orden del ministro de interior Michel Poniatowski y aprobada por el primer ministro de la época, el ya mencionado Jacques Chirac, con el resultado de dos muertos y un herido.

El Frente de Liberación Nacional de Córcega -FLNC- apareció al año siguiente, defendiendo el derecho de autodeterminación y el traspaso de los complejos turísticos a manos exclusivamente corsas a través de lo que denominaban “propaganda armada”.

Tras 40 años reivindicando la independencia de Córcega -llevando a cabo más de 50 acciones terroristas contra las estructuras del gobierno francés en la isla-, anunciaron su abandono de la lucha armada en 2014.

La época gloriosa del Bastia llegó a su fin con el descenso del equipo en 1986, al igual que el nacionalismo, que sufrió una gran división a finales de los 80. En el pozo de la segunda división, el Bastia vivió el momento más trágico de su historia, conocido como “la catástrofe de Furiani”. Ocurrió el 5 de mayo de 1992, antes de una semifinal de Copa contra el Olympique de Marsella, cuando una tribuna provisional instalada en el Stade Armand Cesari -el estadio del Bastia- se derrumbó, dejando un balance de 18 muertos y más de dos mil heridos.

Durante esta depresión deportiva, sectores vinculados a A Cuncolta Naziunalista -el brazo político del FLNC- entraron en la dirección del club, que entonces estaba en manos de Jean-François Filippi, un empresario y alcalde de un pueblo perteneciente a una agrupación conservadora.

A pesar de su ideología derechista, Filippi mantenía relaciones con los sectores independentistas, como lo demuestra el hecho de que la seguridad privada del club estaba gestionada por una empresa creada por A Cuncolta. Con la muerte de Filippi, asesinado en 1994 en uno de los atentados que entonces sacudían Córcega, poco antes del inicio del juicio por la tragedia de Furiani, el Bastia pasó a estar bajo el control absoluto de A Cuncolta. Esta decisión era de puro interés estratégico, pero también era una respuesta a otra organización del independentismo corso, el Movimiento por la Autodeterminación, que llegó a la presidencia del Ajaccio.

“El patrocinio que el club tuvo en la camiseta a cargo de la empresa de turismo Nouvelles Frontières entre 1995 y 2004 no era sino una forma de pago del impuesto revolucionario exigido a los franceses por el FLNC”, explica el político e historiador Ramon Usall en su libro Futbolítica, para hacernos una idea del dominio de A Cuncolta en el club.

Con el cambio de siglo, el independentismo perdió peso en el organigrama del Bastia, pero el club sigue manteniendo intacto el simbolismo político.

Sin ir más lejos, hace 3 años, en un partido que jugaron en el campo del Niza, el portero del Bastia, Jean-Louis Leca, saltó al campo con la Testa Mora, mostrándosela a la grada. El gesto terminó con una pelea entre los jugadores, los miembros de seguridad del estadio y los ultras del Niza que saltaron al campo. Del Bastia no había ninguno porque la FFF les había prohibido desplazarse.

Fue tema de debate durante semanas en la actualidad francesa, hasta que la Liga prohibió la exhibición de banderas corsas -también las vascas, bretonas y occitanas- en las gradas, pero los aficionados no hicieron ni caso. En la siguiente jornada de liga, tanto los hinchas del Bastia como los del Ajaccio llenaron de Testas Moras sus estadios. 

En Córcega se rechaza el ultraderechismo de Le Pen frontalmente, siendo Córcega la región donde el Frente Nacional obtuvo sus resultados más bajos este 2017.

Hasta las últimas elecciones, celebradas en 2015, nunca había ganado un partido nacionalista. Fue la coalición Pè a Corsica, formada por los regionalistas Femu a Corsica y los independentistas Corsica Libera, quien hizo historia. Por lo pronto piden que el corso sea la lengua oficial de la isla y la liberación de presos políticos de la época de la lucha armada, aunque el gobierno francés hace oídos sordos.

Siempre les quedará reclamarlo a viva voz en las gradas del estadio Armand Cesari.



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